-Pues fue fácil, verás, un cliente de mi
padre, las vende y le quedaban unas cuantas y le dije a mi padre que le
comprara tres, una para ti, una para Lucy y otra para mí –dijo Danny a Aly,
dejándole mostrar una sonrisa en su cara.
-¿Cómo? ¿Tú también nos acompañas? –le
dijo Aly a Danny, sorprendida.
-¡Pues claro! No os iba a dejar solas…
Y más, siendo el regalo de tu cumpleaños
–respondió Danny.
-Muchísimas gracias, chicos, os quiero
–les agradeció Aly mientras se lanzó a abrazar a sus amigos.
-Nosotros también y felicidades –dijeron
Danny y Lucy al unísono mientras respondían a su abrazo.
Aly subió a su habitación a arreglarse,
ya que su familia y sus mejores amigos la esperaban a bajo para que sus padres
y su hermana pequeña le entregaran su regalo. Abrió la puerta de su habitación
y se dirigió al grande armario que cubría gran parte de la pared. Escogió la
ropa que se pondría, un vestido azul eléctrico y unos tacones blancos. Mientras
se planchaba el pelo, escuchó que alguien picó la puerta de su habitación.
-¡Aly! Date prisa, abajo te estamos
esperando todos –le avisó desde afuera de la habitación su madre.
-Ya voy mamá –le respondió.
Todos estaban en el sofá del salón de
casa de Aly, cuando la vieron bajar por las escaleras. Realmente iba preciosa
con aquel vestido y el pelo que se había planchado. Parecía una princesa sacada
de un cuento.
-¡Estás preciosa! –dijeron todos al unísono,
sorprendidos por su imagen.
La hermana de Aly llevaba una pequeña
caja, se le acercó, la abrazó mientras la felicitaba y le alzó los brazos
entregándosela.
-Que lo abra, que lo abra –gritaron los
demás.
En el momento en que Aly abrió su regaló,
una lágrima resbaló por su mejilla de la alegría. No se lo podía creer. Ese era
el regalo con el que siempre había soñado.
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