Me desperté a
las siete. Ayer me acosté muy pronto por lo que ya había dormido bastante. Mi
padre ha pasado la noche en el hospital. Me levanté de la cama procurando no
despertar a Niall, que seguía durmiendo. Baje al salón. Me senté en el sofá y
encendí la tele a un cierto volumen. Cogí el teléfono fijo y marque a mi padre.
*Conversación
telefónica*
-¿Hija?
-descolgó preocupado.
-Sí papá, soy
yo -le respondí- ¿qué tal? ¿Cómo está mama? ¿Está grave? ¿Qué te han dicho?
-Hija, tu
madre está bien -dijo tranquilizándome- los médicos han dicho que en una semana
podrá regresar a casa.
-Qué bueno
-respondí más contenta- en cuanto se despierten todos, vamos allá a
reemplazarte.
-Gracias hija,
no hay prisa. Aquí te espero -dijo colgando.
*Fin de la conversación
telefónica*
Me fui a la
cocina a preparar el desayuno. Prepare 4 tazas pero solo calenté la mía. Me senté
en la mesa y mientras desayunaba, Harry entro por la puerta, ya vestido.
-Hola -le
dije- buenos días.
-Buenos días,
Aly -respondió- ¿Niall aún sigue durmiendo?
-Sí -dije
-Amms -dijo
cogiendo su taza para calentarla al microondas- veras Aly, yo quería que supieses
que siento mucho lo ocurrido con tu madre y que si necesitas algo, me tienes aquí
para todo.
-Muchísimas
gracias, Harry -me alcé para abrazarlo- eres una gran persona.
-¿Para eso están
los amigos, no? -me preguntó.
-Supongo...
-dije mientras lavaba mi taza y el plato de la tostada- he llamado a mi padre y
mi madre ha mejorado. En una semana ya estará aquí.
-Me alegro
mucho por ti –dijo.
-Gracias -le
dije, de nuevo.
-No hay de que
-me guiñó el ojo.
-Bueno yo voy
a arriba a ducharme -dije- por favor, si mi hermana se despierta dile de la
manera que puedas, que me estoy duchando y que se espere a que bajo para
desayunar.
-Hahaha vale,
lo intentare. Yo estaré en el salón -me informó.
Subí de nuevo
a mi habitación. Esta vez Niall no estaba. Supuse que estaría en el baño, así
que mientras, busqué la ropa que me pondría. Decidí ponerme esto:
A los dos
minutos, Niall salió del baño.
-¡Buenos días
mi princesa! -dijo- ¿qué tal has dormido?
-Buenos días
amor -le dije mientras le cogía la cara para besarlo- bien ¿y tú?
-Bien -dijo
mientras se ponía una camiseta- ¿y hay noticias de tu madre?
-Sí, en una
semana estará aquí -le dije feliz.
-¡Qué bien!
-me abrazó.
-Si.... -respondí-
bueno me voy a duchar. A bajo en el salón esta Harry y tu taza en la encimera de
la cocina.
-Gracias cielo
-dijo.
Deje la ropa
en el bidet del baño. Me tomé quince relajantes minutos. Me puse una toalla en
el pelo y me vestí. Bajé a ver si mi hermana ya se había levantado y
efectivamente lo estaba. Harry estaba a su lado. No hablaban ya que no se entendían.
-¿Quieres
desayunar? -le dije, a mi hermana, en español
-No, ya me he
tomado mi baso de leche -dijo.
-A vale -le respondí-
pues sube arriba a vestirte que nos vamos.
-Vale -dijo levantándose
del sofá.
Harry y Niall
fueron a esperar al coche mientras yo subí corriendo a peinarme, a maquillarme
lo justo y a coger el neceser para mi madre. Espere en las escaleras a mi
hermana y nos dirigimos a la puerta de mi casa, donde esperaban los chicos.
Lucy y Liam se disculparon, ya que hoy no podían venir porque Liam le tenía
preparado una sorpresa. Una vez, delante de la puerta de la habitación de mi
madre, nos despedimos de mi padre, ya que era su turno de descanso. Llamé a una
enfermera para que nos informara sobre el estado de mi madre.
-Perdona. ¿Me
podrías decir qué tal le ha ido la operación a mi madre? –le pregunté- Eva
González.
-Espere un
momento –me respondió, mientras pasaba hojas de su cuaderno- Aquí está. Pues la
operación ha ido bastante bien y en una semana podrá ir a casa. Lo único que necesita
es reposo. Ahora ya está consciente.
-¿Y se puede
pasar a verla? –pregunté.
-Yo
recomendaría que le dejases una hora de reposo, a ver como progresan las cosas –me
informó.
-Vale, muchísima
gracias –le sonreí.
No me quedaba
más remedio que esperar, esperar y esperar. La hora se me hizo muy larga.
Harry, Niall y yo nos sentamos en los asientos. Le pedí el móvil a Niall y me
puse a jugar, en silencio. Pique a la puerta y escuché un adelante en un hilo
de voz.
-Mamá –dije corriendo
a sus brazos.
-¡Hija! ¿Pero
cómo has venido desde tan lejos? –preguntó.
-¿Pero cómo no
iba a venir? –le respondí- ¿No has visto el susto tan grande que nos has dado?
-Bueno, pero
ahora ya estoy mejor, la enfermera me ha dicho que el domingo ya podré regresar
a casa –dijo.
-Lo sé, mamá –le
besé en un lado de la frente, para no tocarle un gran arañazo- y me alegro.
Bueno, te dejo que la enfermera me ha dicho que has de descansar. No me pienso
ir de aquí hasta que no te vea bien, en casa.
-Vale... –dijo-
Te quiero.
-Yo también.
Descansa –le dije mientras cerraba la puerta.
Niall y Harry
me estaban esperando fuera. Cuando me vieron se levantaron.
-¿Qué tal? –preguntó
Niall.
-Mucho mejor –le
respondí abrazándolo.
-Me alegro –respondió-
¿No crees que no pasará nada porque la dejemos hoy sola? Deberías distraerte un
poco…
-No se Niall…
-dije- ¿Y si le pasa algo?
-Aly, deja de
preocuparte, tu madre estará bien –dijo Harry- Si quieres, me quedo yo hasta
que regrese tu padre por la noche. Iros a comer y a divertiros juntos.
-¿Enserio? –pregunté.
-¡Claro! –respondió
Harry.
-Gracias –le dije
abrazándolo- Adiós.
Fuimos a mi
casa a comer. Mi padre seguía durmiendo en la planta de arriba, por lo que a
las cuatro, Niall y yo nos pusimos a ver una película. Duró hasta las cinco y
media. Nos arreglamos para salir a dar una vuelta. Me puse lo siguiente, ya que luego iriamos a la disco:
Cuando eran las ocho y
media, Niall me quería llevar a un restaurante a cenar. Yo encantada, acepté.
Cuando salimos, fuimos a tomar un café. Nos quedamos hablando hasta las once.
Nos fuimos a la discoteca no muy lejos a pasárnoslo bien. Cogimos una mesa y
me ofrecí para ir a por bebidas. De camino a la barra me choqué con alguien.
-Uy, perdona –me
disculpé.
-¿Aly? –preguntó
aquél chico.
-¿Tony? –pregunté-
¡Tony!
-¿Qué tal? –me
preguntó- ¡Cuánto tiempo!
-Ya ves…
-dije- Muy bien ¿y tú?
-Igual –respondió-
¿Quieres bailar?
-Lo siento… he
venido acompañada, solo vengo a por bebidas –dije.
-Vamos… solo será
una –dijo.
-Vale… -me
convenció.
Tony fue
conmigo a la escuela y al instituto desde pequeños. Hace cuatro años fuimos
novios, pero lo dejamos porque cada vez Tony se volvió más irritante. La verdad
es que hacía tiempo que no hablaba con él, desde que se mudó a un pueblecito.
Al romper no lo soportaba y ahora… en fin, ahora no sé qué tal será pasar un
rato con él… ¿Seguirá siendo igual de estúpido que antes? De todas formas, me
daba cosa decirle que no.
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